Al momento de elegir la película, un actor "buen mozo" podía ser el gancho alentador, más allá de que el argumento tuviera su cuota de interés. Pero a esto también debíamos sumar otro detalle: la música del film.
Las radios por entonces, solían difundir los temas de diversas películas que estaban en cartel -y que en los años setenta hicieron historia-; es así que ese día en particular, la música también nos invitó al cine.
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Era la historia de dos jóvenes que se amaban y compartían afinidades por el patín sobre hielo. Competencias y amor, en una danza sobre patines.
Todo venía como era de esperar hasta que el destino -con su cuota infaltable de tragedia- le juega una mala pasada a la bella y joven protagonista: un accidente le produce ceguera...
¡¡Para qué!!, mis dos amigas y yo empezamos a llorar sin parar. El acomodador, un señor alto y barrigón, se acercaba cada dos minutos para alentarnos a bajar el volumen del trío de llantos. Pero todo fue infructuoso: la llantina continuó ¡¡y cargada de congoja!!
Nunca supimos realmente si el argumento de la película tuvo la verdadera responsabilidad; o la cara de pena de la protagonista; o la música; o si nuestro llanto fue realmente "contagioso" -como decía el acomodador-, pero absolutamente todos -TODOS- los que asistieron a la misma función que nosotras salieron llorando ¡¡a los gritos!! (conste que la historia ¡no era para tanto!).
Gracias a la vida, seguimos siendo amigas con aquellas dos sátrapas con las que fui al cine y cuando escuchamos esta melodía -hoy, por alguna publicidad- preguntamos: "¿querés llorar?"...
¿Recuerdan la música de alguna película de los años setenta como "lacrimógena"?
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