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lunes, 30 de noviembre de 2009

¿Querés llorar?...


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Uno de los recuerdos que aún guardo con cariño de los años en los que dejaba de ser una niña para ser una tierna adolescente, eran los días en los que junto a mis amigas, íbamos al cine.

Al momento de elegir la película, un actor "buen mozo" podía ser el gancho alentador, más allá de que el argumento tuviera su cuota de interés. Pero a esto también debíamos sumar otro detalle: la música del film.

Las radios por entonces, solían difundir los temas de diversas películas que estaban en cartel -y que en los años setenta hicieron historia-; es así que ese día en particular, la música también nos invitó al cine.
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"Castillos de hielo" 1978
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Era la historia de dos jóvenes que se amaban y compartían afinidades por el patín sobre hielo. Competencias y amor, en una danza sobre patines.
Todo venía como era de esperar hasta que el destino -con su cuota infaltable de tragedia- le juega una mala pasada a la bella y joven protagonista: un accidente le produce ceguera...

¡¡Para qué!!, mis dos amigas y yo empezamos a llorar sin parar. El acomodador, un señor alto y barrigón, se acercaba cada dos minutos para alentarnos a bajar el volumen del trío de llantos. Pero todo fue infructuoso: la llantina continuó ¡¡y cargada de congoja!!

Nunca supimos realmente si el argumento de la película tuvo la verdadera responsabilidad; o la cara de pena de la protagonista; o la música; o si nuestro llanto fue realmente "contagioso" -como decía el acomodador-, pero absolutamente todos -TODOS- los que asistieron a la misma función que nosotras salieron llorando ¡¡a los gritos!! (conste que la historia ¡no era para tanto!).






Con ésta película además de deshidratarnos en llanto, supimos que la melodía nos tendría con el recuerdo a flor de piel. Mirar nuestras caras bañadas en llanto al salir del cine y las de los demás, aún hoy sigue siendo motivo de risa.

Gracias a la vida, seguimos siendo amigas con aquellas dos sátrapas con las que fui al cine y cuando escuchamos esta melodía -hoy, por alguna publicidad- preguntamos: "¿querés llorar?"...

¿Recuerdan la música de alguna película de los años setenta como "lacrimógena"?

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De La Candorosa para Te cuento los Setenta.

lunes, 27 de octubre de 2008

"Ese recuerdo"

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Muchos de nosotros, fuimos adolescentes en los 70. En esa época seguramente fue el primer beso, las primeras maripositas en la panza, la primer relación sexual, el primer enamoramiento...
Vaya este post como recuerdo a ese hermoso momento que todos guardamos en un rinconcito de nuestro corazón.
Por ahi alguno/a se anima, y nos cuenta...




Ella era una adolescente como cualquiera. Tímida para los desconocidos, extrovertida para los amigos.
Era alegre, le gustaba la música, le gustaba bailar frente al espejo.
Jugaba a ser modelo. Se probaba la ropa de sus amigas, que siempre le parecía más linda y más sexi.
Ella se vestía más formal. Escondía sus curvas porque una vez un hombre, que la miró de manera lasciva mientras caminaba por la calle, le dijo "Qué pechos, mamita!". Ella tenía 14 años.
Esa fue la primera vez que tomó conciencia de que ya no era una niña y le dio mucha verguenza.


Al principio le costaba relacionarse con los varones. Cada vez que alguno le hablaba, todo el mundo se daba cuenta que Ella se ruborizaba. O al menos Ella pensaba eso!
Tenía su grupo de amigos, chicas y chicos de edades parecidas y de entornos parecidos.


Había un chico con el que Ella se sentía muy cómoda. Eran amigos desde la infancia. Quizás por eso Ella estaba tan a gusto, como si fueran hermanos. A el le gustaba contarle sus aventuras escolares, y a Ella le gustaba escucharlo.

Un mes de julio, que Ella recuerda, extrañamente, como el mas frío de su vida, se fueron todos de campamento a algún campo cercano a Sierra de la Ventana.
Ella no era conciente de que estaban todo el tiempo juntos los dos. Iban a caminar en grupo, y caminaban uno al lado del otro. Hacían un fogón a la noche, y se sentaban uno al lado del otro. Cenaban cordero asado y, oh casualidad, estaban uno al lado del otro. Alguien contaba un chiste, y mientras se reían, se buscaban con la mirada.


Una tarde de mucho sol y de un frío intenso, salieron a caminar por el campo los dos solos.
El, que en esa época estaba en su primer año de la carrera de biología, le quería mostrar unas capas de tierra que había descubierto!
Mientras caminaban juntos y conversaban, se iban internando como en un pequeño bosquecito.
Los árboles eran muy altos, pero no muy tupidos. Dejaban pasar la luz del sol. Las hojas del suelo crujían mientras ellos pasaban.


Una liebre se quedó mirándolos, y ellos no respiraban siquiera para no asustarla, mientras sonreían.
Estaban parados muy juntos y Ella oyó el silencio.
Algo raro estaba pasando, algo que Ella nunca había vivido antes.
Ella sintió que se ruborizaba, y no entendía bien por qué. Le costaba respirar.
Se miraron a los ojos unos segundos que parecieron eternos, y Ella descubrió que nunca había visto unos ojos azules tan profundos.
Fue la primera vez que sintió maripositas en la panza!


.P

lunes, 26 de mayo de 2008

Qué manera de hacerme correr...

- Hola?
- Hola, soy yo. Llamó Carlos, parece que hay dos en el Sheraton, de unos yanquis. Andá para allá y al llegar llamalo y te pasa los datos bien.

Salí corriendo del estudio. Subte D, estación Bulnes. Bajar en 9 de Julio (o en esa época se llamaba Carlos Pellegrini??), combinación con el “C”, bajar a las corridas en Retiro. Son las 4 de la tarde. Entré al Sheraton agitado a buscar los teléfonos públicos. Por qué corno no habrán inventado un teléfono que no necesite enchufe y se pueda llevar a todos lados, un portátil como el zapatófono del Agente 86…??

- Carlos?
- Si, quién habla?
- Yo, marmota. Estoy en el Sheraton. Cómo ubico a los yanquis??
- Ah… no. Falsa alarma, ya no tienen nada. Volvete al estudio que si concreto con un francés pasa por allá, él directamente.
- Y para esto corrí tanto…?? Bue, tá bien. Cuántas tiene…?
- Dos mínimo, puede ser cuatro.
- OK. Rajo para el estudio.

Retiro, subte “C”, subte “D”, estudio. Teléfono. Carlos que no atiende. Café, nervios. Un cliente no tiene mejor idea que llamar a preguntar por su juicio a las cinco de la tarde. Se salva de la puteada por milagro. Le digo que llame en una semana. Dónde se metió este idiota? Y el francés que iba a venir?? Suena el teléfono y me abalanzo.

- Hola?
- Hola, soy Carlos…
- Si, ya sé que sos Carlos. Vos viste la hora?
- Si, cinco y media, ya sé… es lo de menos.
- Cómo lo de menos…?? A qué hora piensa pasar el francés, a las diez de la noche…???
- No, el caso es que no va a pasar… se arregló con unos tipos en el hotel y ni me avisó, recién lo enganché de casualidad porque subió a buscar la cámara de fotos, se van al Viejo Almacén…
- Por qué en vez del Viejo Almacén no se va a la reput……????

Corto. Si alguien quisiera una imagen del desconsuelo, del abatimiento, de la derrota… una foto mía en ese instante sería perfecta. Todo está perdido, no hay solución. Ni me atrevo a informar de mi fracaso. Me quedo tirado en el sillón. A las seis suena el teléfono.

- Hola?
- Hola… Oscar? Soy Mabel.
- Qué Mabel?
- La novia de Gustavo
- Gustavo…? Ah, si… perdoname, Mabel… qué milagro, qué necesitás…?
- Mirá, vos sabés que yo estoy trabajando acá en el hotel Castelar, no? Bueno, resulta que acabo de hablar con unos gallegos que están parando acá y uno de ellos……….

Escalera de a tres peldaños por vez, zambullida de cabeza desesperado en el subte. Bajar en Pellegrini (o 9 de Julio??) y correr como enloquecido por una Diagonal Norte desierta. En el lobby del Castelar está Mabel con una especie de Manolito, el amigo de Mafalda, de unos 50 años. En veinte segundos cambian de mano trescientos dólares, le doy un beso a Mabel, otro al gallego que me mira aterrorizado y salgo a la calle. En la puerta hay un teléfono público.

- Hola…?
- Hola, soy yo…!!! Las tengo…!!! Volá al estudio, yo llego en 10 minutos y tengo el auto en la puerta…!!!
- Llegamos?? Son las siete menos cuarto…!!!
- Callate y volá, chau!!!!

Pellegrini, subte “D”, Bulnes, salir por la escalera desaforado, ella está ahí al lado del auto, entrar, beso a las corridas, el corazón que se sale por la boca. Gracias a Dios en las calles no hay un alma, Figueroa Alcorta parece Villa Gessell en agosto, el auto intenta despegarse del piso cuando tomo a 150 la curva del puente donde 14 años atrás se mató Julio Sosa. Alguna ventaja tenía que tener el ser hincha de River: conozco lugares para estacionar que la gente en general ignora. Dejo el auto, corremos esas siete cuadras como si se acabara el mundo. Son las siete y diez y le estoy dando las entradas al control, hay más soldados en la cancha que los que había en El Eternauta…

Cuando a las 19.15 del 10 de junio de 1978 se pone en juego la pelota en cancha de River, en el partido que Italia le ganaría 1 a 0 a Argentina con gol de Bettega; la que sería mi esposa y yo estamos sentados en la platea San Martín baja, tapada de papelitos. Estamos en el Mundial. Más o menos a los 35 minutos mis pulsaciones se empiezan a normalizar. En ese momento, como nos pasa a muchos millones, no existe un mundo fuera de la cancha de River…