
En la anterior entrada que me tocó hacer, se me ocurrió recordar una de las letras inverosímiles que en aquella época se cantaba. Y hoy tengo ganas de tocar otro tema que se refiere, también, más a las fallas que a los méritos de la década: la aparición y definitiva entronización de las modelos…
Hasta ese momento – año más o menos – la publicidad, aún la televisiva, corría por otros carriles. Los anuncios habían sido en vivo, en general protagonizados por Cacho Fontana, Fito Salinas, el negro Brizuela Méndez, Nelly Prince, Pinky… locutores que, en medio del desconocimiento de las motivaciones ocultas, destacaban las virtudes del producto a vender. Es que por muchísimos años, si alguien intentaba vendernos desodorante, trataba de convencernos de que nos mantendría más tiempo sin olores feos que el de la competencia. Y no se le ocurriría plantear que las mujeres más sexies del planeta cometerían los peores atropellos por conquistar al desodorizado. Del mismo modo, una cerveza procuraría que creyéramos que era más rica o más fresca que las otras y que nos sacaría la sed; y a ningún cervecero se le cruzaba sugerir que una botella de litro haría realidad nuestras fantasías eróticas con más eficacia que un jugo de naranja o una soda…
No soy Giordano, pero igual no me peguen. Estoy tratando de llegar a algún lado.
Cuando empezaron a aparecer las publicidades que seguirían desarrollándose hasta el día de hoy, la idea de que la protagonista de una de ellas tuviera nombre y apellido, parecía algo impensable. Que una mujer lograse trascender, ocupar espacio en una revista o ser reporteada sólo por ser bella y por intentar vendernos un jabón, era algo absolutamente novedoso. Lejos estábamos de suponer que treinta y pico de años después serían las absolutas dueñas del rating televisivo con esas mismas y escasas armas.
Yo me acuerdo de la aparición de la propaganda de Cadum, espantoso jabón que lanzó a la fama a Susana Giménez y su “Shock!!”. Todos andábamos desesperados por averiguar quién era esa mujer. Épocas en las que lejos estábamos de sospechar el Google, debimos esperar interminables días o acaso semanas hasta que empezó a circular el dato de quién era y pudimos verla más seguido, como invitada a programas o como actriz más tarde.
La revista GENTE – nefasta y miserable publicación causante de muchísimo daño en lo que Adenoz, sonando como un personaje de El Señor de los Anillos, acaba de llamar con enorme acierto la Edad Oscura – fue una de las principales difusoras de esta nueva cultura. SIETE DIAS la siguió muy de cerca. Las modelos llegaron para quedarse, y todos conocimos los nombres de Teté Coustarot, Evelyn Scheidl, aquella terrible Silke que le pedía a Carlos que le bajara la caña, Mirtha Massa y su romance con el Willy Vilas… decenas. Las fotos de los hot pants adornaban las paredes de los cuartos de adolescentes. Podría ponerme a buscar en Internet y cada nombre que agregara dispararía un “Uuuyyy… te acordás…??” Muchas de ellas sólo permanecen en alguno de esos recovecos del cerebro a los que no vamos casi nunca. Sus vidas reales son hoy un misterio. Confieso que intenté saber algo de Mónica Posse. Para mí uno de los recuerdos más vivos de esa época fue su foto en Siete Días en un artículo llamado “Cuidado, Pintura Fresca”, porque estaba casada con un músico de ese grupo. Descubrí que canta, o al menos lo seguía haciendo hasta el 2007. Tiene página y hay videos. Y es una linda mujer, pero no se parece a esa diosa del Olimpo que vive en mi recuerdo.
Y a eso apunto en el final de esta paupérrima pintura. Ya la nombré a ella y a Susana. La diva del teléfono subsiste hasta hoy acumulando carisma, fortuna y autos de dudosa legalidad. Es una figura de las más importantes de la tele, encontró su camino y lo aprovechó a full. Es una señora grande en edad y tamaño, hace rato que dejó de luchar contra el engrosamiento y ya le ha sido tolerado.
Mi recuerdo final es para otras dos que no siguieron igual suerte. Una, la inexplicable Graciela Alfano. Mujer de las más bellas que pisaron estas Pampas, cuando fue elegida Miss Siete Días y por muchos años más fue el arquetipo de la belleza externa. Es cierto, por dentro no parecía responder a la misma pauta. Caramelitos faltantes del frasco, patitos salidos de la fila, escasez de agua en el tanque… lo que quieran. Yo reconozco que al verla hoy, junto a ese insulto al cerebro que tiene por marido, exhibiendo semidesnuda las consecuencias de haber decidido hacerse atropellar por el Roca una vez cada dos meses, me da lástima. Ni bronca, ni escándalo. Una callada pena…
Pero el podio absoluto en materia de desbarranque es para – suenen trompetas y clarines… - Adriana Aguirre…!!!
Cuando esta mujer por primera vez ocupó la tapa de Gente, era una hermosura. Morocha, con el pelo lacio hasta la cintura y el físico que la sustentaría muchos años, realmente era una típica representante de la belleza autóctona. Esa estúpida manía de convertirse en rubia, y en su caso específico en platinada, comenzó a deteriorarla. Y cuando intentó recrear a Marilyn Monroe, sólo copió lo peor. Fue cayendo cada vez más hondo, hasta tocar fondo en aquellas memorables sesiones con Mauro Viale que constituyeron una de las épocas más tristes de la cultura nacional y permitieron que ocupara pantalla su cónyuge… un tal García.
Por lo menos, Marilyn tuvo la dignidad de suicidarse con pastillas, si es que no la mataron. Murió sin molestar a nadie. El método de suicidio elegido por la Aguirre nos ha costado soportar ciento sesenta imitaciones de Sandro que, si hubiera justicia, debían haber confinado a ese payaso al sótano más oscuro de la cárcel de Olmos…
En fin… los setenta tuvieron también estas cosas. No todo eran Bee Gees y bailar con el dedito para arriba…
Hasta pronto.


